Radiografía y Diagnóstico de tu empresa


La profunda y larga crisis económica que vivimos ha obligado a muchos empresarios a adoptar decisiones drásticas para lograr la supervivencia de su negocio, tales como refinanciación de deudas, obtención de préstamos de familiares, reducción de plantilla o incluso solicitud de concurso de acreedores. Por nuestra experiencia en el asesoramiento de empresas y profesionales en situación de crisis sabemos que la gran mayoría adopta estas medidas demasiado tarde y sin responder a una planificación financiera realista, lo que, a la postre, sólo sirve para agravar la situación de insolvencia y, en algunos casos, exponer al administrador social al riesgo de ser condenado a pagar las deudas de la sociedad con su propio patrimonio. Esta conducta suele venir motivada por los siguientes factores:

    1. El desconocimiento del régimen de responsabilidades de los administradores sociales y de las sanciones legales derivadas del estado de insolvencia.
    2. La falta de confianza en la Administración de Justicia, en particular, en el concurso de acreedores como instrumento legal idóneo para superar la crisis.

Ciertamente, la lentitud del procedimiento concursal, con una media de cuatro años, su coste y el estigma que tiene en el tráfico jurídico la empresa declarada en concurso contribuyen a reforzar la opinión de que es mejor “aguantar el chaparrón” que afrontar un proceso concursal. Y además es comprensible cuando se ha invertido tanto tiempo, dinero e ilusión en sacar adelante una empresa que ahora hace aguas.Sin embargo, esta conducta suele ser perjudicial para la empresa porque, generalmente, no contribuye más que a aumentar sus deudas. E igualmente es perjudicial para el órgano de administración porque le expone a un mayor grado de responsabilidad. Al final, cuando el concurso aparece el negocio es ya inviable y la empresa termina lógicamente en liquidación. Las cifras lo avalan: sólo el 4% de las empresas declaradas en concurso en Málaga han podido superar la insolvencia y salir de concurso. ¿Es que todos los empresarios que concursaron lo hicieron mal? No podemos generalizar, pero un gran número de ellos sí. Veamos por qué.

El fracaso va implícito en el riesgo de ser empresario y es aceptado por la sociedad cuando se produce de manera fortuita. Nada le impide al empresario que tropieza volver a intentarlo. La Ley Concursal es fiel reflejo de esta máxima: las deudas que no hayan podido pagarse se extinguen con la muerte jurídica de la sociedad, sin responsabilidad alguna para el administrador, siempre que el concurso haya sido declarado fortuito. Ahora bien, lo que no es razonable es que el fracaso empresarial conlleve la ruina del empresario que está detrás –en muchas ocasiones también la de su familia que avaló las deudas o inyectó dinero en la sociedad– condenándole a sobrevivir con lo poco que le dejen sus acreedores o induciéndole a penetrar en la economía sumergida que tanto perjudica al país. Esta es la consecuencia del fracaso empresarial cuando se debe a una conducta negligente del empresario, y que hay que evitar a toda costa. ¡Tan claro sobre el papel pero tan difícil de poner en práctica!Hemos observado que la mayoría de los clientes que nos piden asesoramiento jurídico en esta materia han cruzado la línea que separa lo fortuito de lo culpable sin ser conscientes de los riesgos que asumían. De acuerdo, no nacieron con un Manual de Crisis debajo del brazo, pero les faltó prudencia, asesoramiento preventivo, en definitiva, más cultura empresarial.

El concurso de acreedores, tan estigmatizado hoy, es el único remedio legal idóneo para superar la crisis de insolvencia o, cuando la viabilidad no sea posible, cerrar y liquidar ordenadamente la empresa, siempre que se den los dos presupuestos siguientes:

a) Que se pida el Concurso a tiempo, es decir, dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que se pudo conocer la insolvencia, tal y como exige la Ley, o, si ya se ha superado este plazo, al menos que el retraso no haya contribuido a aumentar las deudas.

b) Que la insolvencia se haya producido de manera fortuita, es decir, sin culpa o negligencia del administrador.Si alguno de estos requisitos no se cumple, el concurso puede tener más inconvenientes que ventajas, como por ejemplo, exponer al administrador al riesgo de ser condenado a pagar las deudas que no hayan podido ser saldadas en el concurso.Ante este panorama, comprendemos lo difícil que puede resultarle al empresario tomar la decisión acertada.

Radiografía y Diagnóstico de tu Empresa.

Mediante el servicio Radiografía y Diagnóstico de tu Empresa ayudamos a nuestros clientes a decidir cuando se encuentran en esta situación. Para ello analizamos su situación patrimonial, contable y financiera, las principales decisiones adoptadas por el órgano de administración y cualquier otra información mercantil relevante. Este servicio lo prestamos del siguiente modo.En el plazo de 5 días desde que nos entregue la documentación, emitimos un informe valorando los siguientes puntos:

Situación de insolvencia, analizada desde una doble perspectiva:

    • Interna: ¿en qué medida las deudas han situado al cliente en una situación tal que le obligue a pedir el concurso voluntario?
    • Externa: ¿cómo nos ven nuestros acreedores? ¿Tienen elementos suficientes para pedir el concurso necesario?
    • Riesgos que asume el administrador societario ante esta situación patrimonial.
    • Medidas que puede adoptar para evitar o diminuir este riesgo.
    • Pros y contras de solicitar concurso de acreedores.

Una vez emitido el informe nos reunimos con el cliente para hacerle entrega del mismo, exponer las conclusiones y aclararle las dudas que tenga al respecto.

¿Cómo contratarnos? 

El Cliente rellena un formulario a través de nuestra página web www.gam-abogados.com informándonos de sus datos de contacto y de su interés por contratar el servicio. Una vez descartado un posible conflicto de intereses, nuestro personal de administración contactará con él por email o teléfono para hacerle llegar la Hoja de Encargo. En este documento nos comprometemos a realizar el trabajo descrito anteriormente por el precio pactado y el cliente a remunerarlo. Asimismo le indicamos la documentación e información que nos hará falta para emitir el informe.Una vez firmada la Hoja de Encargo, abonada la provisión de fondos del 50% de los honorarios y recibida la documentación e información pedida, en el plazo de cinco días realizaremos el informe Radiografía y Diagnóstico de tu Empresa y nos reuniremos con el Cliente para hacerle entrega del mismo, exponer nuestras conclusiones y resolver las dudas que se le presenten en el momento.

¿Qué información y documentación necesitamos? 

El cliente deberá facilitarnos lo siguiente:

    • Datos mercantiles de la sociedad: nombre, CIF, domicilio social, órgano de administración, socios y porcentaje en el que participan.
    • Cuentas anuales de los últimos tres años.
    • Balance de situación a la fecha actual.
    • Descripción de la plantilla de trabajadores.
    • Listado de acreedores con descripción del concepto, importe, fecha de vencimiento de los créditos, si han sido reclamados extrajudicial o judicialmente y, en este último caso, el estado en que se encuentra el pleito, así como grado de parentesco que tengan aquellos con los socios o administradores de la sociedad.
    • Inventario de los bienes de la empresa y cargas.
    • Descripción de las decisiones más relevantes adoptadas por el órgano de administración en el último año que hayan supuesto una disminución del patrionio de la sociedad o un aumento de sus deudas.

¿Qué coste tiene? 

El coste de este servicio dependerá del tamaño de la empresa, a pagar el 50% cuando se hace el encargo, y el otro 50% cuando se entregue el informe.